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Nuestras puertas están abiertas para todos, y los invitamos cordialmente a visitarnos y participar de nuestros cultos todos los Domingos a las 9.30 hs, y el 3er. Sábado de cada mes a las 18 hs. Ver aquí más detalles sobre nuestras actividades y el plano con nuestra ubicación. Clickear aquí para contactarnos.

Pagar con el bien

Texto: Romanos 12: 17 - 21

Como hijos de Dios recibimos la salvación y el amor de Dios por lo tanto podemos pagar con la misma moneda. Elmoneda pagar con la misma moneda no está en función del mal que recibimos de las personas, sino en función del bien, amor, perdón y paz que ya recibimos de Dios.

¿Cuál es la barrera que tendremos que superar? El orgullo, propio de nuestra naturaleza. Este va a impedir el amor, el perdón y la paz porque lo considera un signo de debilidad. Y en el daño recibido encuentra el justificativo para provocar un daño mayor.

Pagar con la misma moneda que recibimos de Dios provocará una lucha interior, al sujetarme a la voluntad de Dios y ser guiado por el Espíritu Santo. Y llevará todo un proceso de cambio de manera de pensar, para que cambie la manera de vivir. Es todo un aprendizaje pensar cómo responder ante el mal, cómo hacer el bien. Dios nos muestra un camino más excelente, ante el mal responder con bien. No solo ser pasivos ante el mal, sino asumir una actitud activo en hacer el bien.

Dios ya pagó toda nuestra deuda. Nos rescató del pecado, nos amó por medio de Jesucristo. Este es el pago que recibimos de Dios, por lo tanto paguemos con la misma moneda de amor y de bien a todos.

Porque Dios nos amó podemos pagar con amor. Porque Dios nos perdonó podemos pagar con perdón. Porque Dios nos dio su paz, podemos pagar con paz.

Mucho hemos recibido, mucho tenemos para dar. No nos cansemos de hacer el bien.

Señor, gracias por tu amor, perdón y paz. Perdón por mi orgullo. Enséñame a ser humilde, enséñame a hacer el bien y compartir lo que hemos recibido de Ti. Amén.

Pagar con la misma moneda que recibimos

Texto: Mateo 5:38-42

"Ojo por ojo y diente por diente." La "ley del talión" limitaba el castigo a una pena correspondiente a la ofensa, esta ley había servido al principio para frenar las contiendas causadas por venganzas sangrientas. Hoy se escucha esta frase: "Pagar con la misma moneda". Muchas veces es la forma de administrar las relaciones dañadas. Se paga el mal con otro mal. El daño recibido se entiende como justificativo para dañar al otro.

Jesucristo dice: "No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derechaManos dando un corazón (considerado un insulto grave) ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la camisa, déjale que se lleve también su capa. Si te obligan a llevar carga una milla, llévala dos. A cualquiera que te pida, dáselo; y no le vuelvas la espalda al que te pide prestado" (Mateo 5: 39 – 42)

¿De dónde surge la fortaleza para resistir al mal y ofrecer la otra mejilla? Sólo de aquel que lo pide: de Jesucristo. Él no resistió al mal, sino que lo venció.

El mal no se lo vence con mal. La violencia genera más violencia. Jesucristo venció al mal con el bien. Jesucristo colocó la otra mejilla, se quedaron con su ropa, cargó la cruz, dio su vida. Con su acción consiguió la paz y nos reconcilio con Dios. Jesucristo ante nuestro mal pagó con su propia vida para que tengamos vida. Dios nos pide que paguemos con la misma moneda que recibimos de Él.

Señor, gracias por pagar mis deudas con amor, gracias por tu perdón. Enséñame a perdonar. Ante el mal, enséñame a pagar con el bien, con tu amor. Amén.

Milagro

Texto: Lucas 7: 11 – 17

En el rostro van quedando las marcas del dolor y sufrimiento. En algunos casos son situaciones circunstanciales o momentáneas pero en otras son definitivas. El dolor de una madre ante la muerte de su hijo es de los más profundos. No hay palabras para explicar un sufrimiento tan grande.

Jesús sintió compasión por el sufrimiento de esta madre y su palabra hizo el milagro y dio la vida. Es Jesús quien trae el consuelo y hace el milagro. Donde hay soledad la palabra otorga el consuelo y la ayuda. Donde hay muerte la palabra da la vida. Y donde hay tristeza la palabra trae alegría.

Jesús sigue visitando las vidas marcadas por el dolor y el sufrimiento. Porque su corazón compasivo tiene especial atracción por los que lloran, están solos, o no encuentran consuelo.

Señor, gracias por visitarme en medio del sufrimiento y consolarme con tu palabra poderosa. Abre mis ojos, para ver los milagros que haces diariamente en mi vida. Por Jesús. Amén.

Marcas del dolor

¿Qué haré?

Texto: Hechos de los Apóstoles 2: 37 – 38

Nos preparamos en la vida para resolver problemas y seguir adelante. Nos preparamos para no mostrar debilidad sino solo fortaleza, aún cuando por dentro nos derrumbamos o nos sentimos abrumados y superados.

Llegar a la conclusión que estamos equivocados nos enfrenta con dos alternativas: seguir adelante o volver. El orgullo no pregunta porque solo tiene respuestas. Rechaza toda ayuda y sigue adelante aunque enfrente haya una pared. Porque reconocer la equivocación se transforma en una tragedia.

Pero la humildad reconoce la debilidad, la equivocación y está dispuesta a recibir ayuda. Por lo tanto pregunta ¿qué haré? Y está dispuesta a recibir una respuesta, a corregir el camino, a volver. Reconocer la equivocación se transforma en una oportunidad para una nueva vida.

Señor, enséñame a ser humilde. Que siempre te pregunte ante mis equivocaciones ¿Qué haré? Dame el coraje para volver. Por Jesús. Amén.

Al pie de la cruz

 

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