Sal

Texto: Lucas 14: 34- 35

Todos los días usamos la sal para condimentar y dar sabor a las comidas. Su uso correcto aporta elementos necesarios para la vida. En la antigüedad también se utilizaba para conservar o para que no se echen a perder los alimentos. Pero la sal no cumple su propósito cuando pierde sus propiedades o queda en el salero. Solo lo cumple cuando se usa.

Dios a cada cristianos le dio un propósito como la sal, dar sabor a la vida y hacer que la misma no se eche a perder. Requiere de cada cristiano que mantenga las propiedades y no se vuelva insípido. Se requiere que no quedemos en el salero, sino que nos entreguemos en servicio generoso. Nuestra vida ¿Tiene un propósito? ¿Hemos perdido el sabor? ¿Estamos en el salero cómodamente para que admiren lo que somos? La sal no es atractiva por su belleza sino por su propósito. Cumple su función cuando se entrega generosamente a los demás, dejando de lado el orgullo, para conservar y dar a las relaciones cotidianas sabor y hacerlas deliciosas. No nos aferremos al salero, sino dejemos que todos los días el cocinero nos esparza para sazonar la vida con la buena sal.

Señor, enséñame a ser sal y a entregarme generosamente para dar sabor a la vida y conservarla. Por Jesús. Amén.

sal de la tierra

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