Recuerdo que una vez, un profesor del Seminario Concordia dio una devoción por el mes de la Reforma recordándonos la labor de Martin Lutero. Para ello utilizó como ilustración una maza de plastilina y un molde de plástico. Colocó la plastilina deforme en el molde y luego nos mostró una plastilina con forma de estrella y agregó: la reforma del año 1517 fue como volver a dar forma a la vida cristiana de la iglesia, es decir una re-forma.
Para eso, Dios usó nada más y nada menos que a su siervo Martín Lutero para dar el toque final a ese nuevo formato o molde donde habría de caber toda la teología más cercana a la revelación de Dios: su Palabra. Contemporáneos de Lutero también andaban buscando ese molde, ese envase en vasijas de barro que al romperse o despegarse de antiguos moldes, derramó la doctrina de la salvación más pura y necesaria para la vida de cada creyente en Cristo Jesús de aquella época.
Pero en realidad, Martín Lutero no solo dio el toque final, sino que su vida y obra sirvieron de bisagra en la historia de la cristiandad. Por un lado, cerró la puerta del exclusivismo bíblico y teológico de cierto sector de la sociedad y por otro abrió las puertas de par en par de la salvación por fe y gracia a todo el mundo.
¿Por qué recordamos el día de la Reforma? ¿Por qué recordamos a Martín Lutero? Para cada seguidor del lema "eljusto por la fe, vivirá" la re-forma tendrá un significado particular en su vida. Recuerdo a Martin Lutero como aquel que volvió a la forma, aquel que redescubrió el envase a través del cual Dios nos habla: su Palabra. Cuando la leemos, volvemos a la forma. Cuando meditamos profundamente en lo que el Espíritu Santo nos quiere revelar, allí nuestra vida se re-forma; es ahí donde nuestros pensamientos, palabras y acciones deformes vuelven a tener forma gracias a la obra de Cristo en nosotros.
Como iglesia heredamos todo el bagaje de identidad luterana y hoy nos llamamos "Iglesia Evangélica Luterana Argentina". ¿Pero qué significado tiene para nosotros llamamos luteranos o iglesia luterana? ¿Es motivo de verguenza o de alegría? ¿Nos anima a vivir como hijos de Dios bajo el lema "el justo por la fe vivirá"?
A nosotros hoy nos toca seguir re-formando. No me refiero a divisiones en la iglesia o movimientos revolucionarios. Hoyexistimos como iglesia porque detrás nuestro hay toda una historia de reforma. Recordamos a Martín Lutero porque sus pensamientos y enseñanzas no murieron con él sino que trascendieran hasta llegar a nosotros. Lutero re-formó su propia forma de pensar y de vivir la salvación en Cristo Jesús. Comencemos nosotros por esta vía también y entonces comprenderemos el valor de las palabras del apóstol Pablo: "Cambien su manera de pensar y así cambiará también su forma de vivir" (Romanos 12.2 DHH).
La verdad de la re-forma es que Jesús es la Palabra, es la Luz, es la Vida, el Camino a la Salvación eterna, es todo lo que necesitamos para re-formar nuestra vida. En el siglo XXI lamentablemente no es sólo Jesús el todo para la vida de una persona. Uno de los principios de una re-forma personal es la adoración al único y verdadero Dios, cosa que hoy en día, cada vez se practica menos. Dios nos auxilie siempre con su Espíritu a volver una y otra vez al único y verdadero molde, Jesucristo. Amén.
Autor: Claudio Hennig
Publicado en "El Nuevo Luterano", Octubre de 2008
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