"Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas." Santiago 1:18
Pensar que en este texto el apóstol Santiago hable de tí o de mí resulta por demás sorprendente, ya que nos pone a todos los que aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Dios en una perspectiva de íntima relación con quién nos creó, Dios mismo.
Deja claro que esta interrelación entre el Creador (Dios) y las criaturas (nosotros), no es por una ocurrencia nuestra sino solamente porque Dios mismo lo quiso en su más profunda e inexorable "voluntad", movido también por el más profundo amor.
Esta voluntad y este amor fue expresado, manifestado a través de su Palabra de verdad, Jesucristo mismo.
Jesucristo es el Verbo encarnado, el Dios hecho carne, la Palabra de Dios hecha a igual que nosotros.
Es ahí en Jesucristo mismo, que por amor y en fe "nos hizo nacer", para manifestar su amor, pero también para ser lo más importante, "primicias de sus criaturas".
Solo ahí en Jesucristo, tú y yo, como todo ser humano, cobramos suma importancia; no por haber deseado serlo, no por haber hecho nada bueno, no por haberlo merecido, sino porque Dios en Su voluntad concentró todo su poder reconciliador, transformador y salvador en Su palabra de verdad, Cristo salvador.
Tener el privilegio de ser las primeras criaturas para Dios solamente porque Él lo quiso en su voluntad misericordiosa, nos lleva también a pensar la gran responsabilidad de dar un testimonio fiel acerca de quien nos hizo nacer.
Así como la palabra de Dios, es cristocéntrica, o sea que nos conduce a Jesucristo que es la salvación de todo el que en él cree (Juan 3: 16), nosotros también como primicias de Dios, tenemos el privilegio y el deber de llevar a todos esa palabra de verdad, Jesucristo, que es la expresión máxima del amor de Dios para con sus primicias a la reconciliación y al final la salvación.
Que Dios con su espíritu nos haga valorar en nuestra vida el ser portadores vivo de esa palabra de verdad que puede llevarnos a la salvación: Jesucristo el Señor.
Pastor Gabriel González
Publicado en Mensajero Nro. 125, Septiembre de 2008
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